
Las zonas altoandinas del distrito de Chiguata cumplen una función clave como espacios de recarga hídrica, esenciales para el suministro de agua a las comunidades y para sostener las actividades agrícolas y ganaderas locales. Sin embargo, la combinación de cambio climático y presiones antrópicas ha provocado una disminución gradual de la cobertura vegetal, especialmente de los bosques de queñual (Polylepis spp.), reduciendo la capacidad del suelo para infiltrar, almacenar y regular el agua de manera natural.
El deterioro de los ecosistemas altoandinos ha acelerado la erosión del suelo y la pérdida de manantiales y bofedales, comprometiendo la seguridad hídrica del territorio. Frente a ello, la reforestación con queñuales surge como una acción prioritaria para restaurar el equilibrio ecológico, recuperar la regulación del agua y reforzar la resiliencia ambiental y comunitaria.
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